1 de febrero de 2010

El Universo Holográfico



Estos días estoy leyendo el libro de Michael Talbot titulado El Universo Holográfico. El libro da un repaso a la historia de la física moderna, empezando en los tiempos de Einstein y centrándose en el modelo holográfico del Universo creado por David Bohm (que trabajó en Princeton con Einstein durante un tiempo).

David Bohm fue un científico respetado (aunque muy criticado y a veces ignorado por la gran masa de científicos reduccionistas) que centró sus esfuerzos en mostrar la interconectividad de todo cuanto sucede en nuestra realidad, chocando así con el paradigma imperante que se dedica a dividir la realidad en partes y más partes y partes cada vez mas pequeñas (reduccionismo).

Bohm, influenciado por Einstein, pero también por místicos como Jiddu Krishnamurti (padre espiritual de autores como Eckhart Tolle o Deepak Chopra) le dio al mundo una visión del Universo muy distinta a la que nos ha llevado el reduccionismo mecanicista. El Universo, no como una maquinaria muerta de causa y efecto si no como un organismo inteligente, auto-organizado y consciente.

El problema de la visión mecanicista y reduccionista del Universo, es que no tiene en cuenta la consciencia, la mente o el observador. Y eso entra en conflicto con la teoría cuántica, que no sólo dice que el observador de un evento, afecta a este por el simple hecho de observarlo, si no que en lo más esencial, el observador y el objeto (o suceso) observado son la misma cosa.

Cualquier persona que profundice disciplinadamente en la meditación u otras tecnicas de relajación y cuyas creencias o prejuicios no interfieran, puede darse cuenta facilmente de que no hay una sola realidad, si no mas bien, una para cada ser que la observa. Pero este es un tema que da mucho de sí, por lo tanto, seguiremos hablando de ello.

Por el momento, os insto a hacer un pequeño ejercicio para que veáis hasta que punto el cerebro por si solo, no puede discernir entre un hecho real y una imaginación.

Imaginaos lamiendo una lima o un limón. Vereis como acto seguido, vuestras glándulas salivares empiezan a segregar saliva tal como lo harían si ese limón estuviera en vuestra lengua. ¿Quién es entonces el que discierne entre un limón de verdad y una imaginación? ¿Quién es el que ha observado todo este ejercicio?

1 comentarios:

Guillermo dijo...

Este libro es una delicia! el universo ha de ser un holograma! luz en una direccion, choca con la luz de nuestro ser y la interferencia de esas dos fuentes da como resultado a esta dimensión. La luz nuestra la proyectamos desde el corazón. El sol es nuestro destino.

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